lunes 3 de mayo de 2010

Recurrencias



La primera vez siempre es la peor, dijo Martin en voz alta sabiéndose solo en el sotano de la cabaña. Los minutos eran asmáticos, les costaba seguir. Bastó ver una luz naranja a lo lejos para saber que se trataba de Lizzie. Descendió colina abajo arropado por la noche llena de vampiros y hombres lobo y contempló una vez más su cuerpo incinerado. Las huellas de las botas del Sheriff y sus ayudantes seguían frescas -¿cuánto tiempo había pasado?- y no se escuchaba movimiento alguno entre los árboles. Quiso desnudar sus cenizas otra vez y la impotencia de no poder le dejaba en la mirada un dejo de satisfacción y tristeza. Al despertar bajó las escaleras con un cigarro en una mano y un whisky en la otra. De nuevo en el sotano se asomó por la ventana y no había luz naranja. Igual en el pueblo tampoco había un Sheriff. Lizzie hacía el desayuno.

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