Una noche se despidió sin decir te amo
en una conversación de monitor y sentí
que la pantalla me había cacheteado.
La sabía recostada y displicente, con
el pelo suelto y pies descalzos.
No te lo debo decir cada minuto, dijo,
pero es que las cosas cambian.
Antonio nunca dijo amar a alguien
y tampoco se despedía. Pero algunas
cancunenses lo amaron sin oportunidad
de despedirse.
No sabía si me amaba, sólo se despedía.
Podía verla en un frío Buenos Aires cortaziano,
escuchando la música aleatoria de un canal de
televisión (Green Day, uno de los grupos favoritos
de Antonio) para luego volver a enfrentarse al monitor.
Y todo por no decir te amo, pensó contra la almohada.
Wake me up when september
Ends, dije de este lado.
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