martes 26 de octubre de 2010

Paliza 2.0.


Quizás hace quince o veinte años hablar solo era cosa de locos. Darse a la tarea solitaria de construir monólogos, declaraciones y mentadas de madre en la comodidad de tu casa, baño u oficina era un placer reservado. Recuerdo una canción: Todo cambia, de Mercedes Sosa. Bien podría ser el soundtrack de mi generación. Cambia, todo cambia. Hablar solo, construir diálogos sordos y armar frases con o sin estética es tan cotidiano como el café de buenos días y la carpa mañanera. El paquete viene en varias presentaciones: inalámbricas, chismosas, fotogénicas y de ciento cuarenta caracteres. Pero va más allá. La tecnología todo lo permite y todos son bienvenidos. Los amigos, los colegas, la familia y los fantasmas. Allí todos se dibujan y desdibujan a placer y la herramienta te dota de poderes románticos, amistosos protocolares y detectivescos.

Pocos nacen para ser detectives y menos para serlo de sus desgracias. Hurgar y cavar como un perro en el infinito hasta el html de tu revelación o sentencia, tan vacía como lo son los universos vistos de lejos. A veces pienso en retirarme, coexistir como los medievales y evitar resurrecciones indecorosas. Mientras, hablo solo, construyo diálogos sordos, revivo fantasmas ajenos en la sobriedad de un bourbon y busco agua bendita 2.0.

Hay algo de doble moral en todo esto.

Culpable.

1 comentarios:

  1. La 2.0 te da el placer de tener libertad a tus anchas para, como dices, hacerte el loco y tener conversaciones intensas con tu conciencia mientras otros simplemente te leen o hasta se atreven a opinar.

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